Ya no soy ningún jovencito; es más, ya ni para chavo-ruco califico… pero lo fui. También tuve 15-20-30 años y viví lo que es ser joven; no sé si plenamente o a como me dio la gana, pero igual pasé por esos años.


Si algo puedo decir a esta edad donde ahora las rodillas necesitan más colágeno hidrolizado que ejercicio y cerveza, es que, sin temor a equivocarme, la época actual es la mejor en la historia de la humanidad para ser joven.


Ejemplos hay de sobra y la gran mayoría tienen que ver con la existencia de Internet, Mark Zuckerberg, Redes Sociales, Jeff Bezos, Los Avengers, Chabelo y Game of Thrones, que ni un sólo capitulo he visto, pero tampoco me gustó el final.


No voy a agotar todas las pruebas que tengo a la mano para sustentar lo dicho, pero sí expondré la que para mi gusto ilustra mejor el por qué esta es la mejor época para ser joven: las películas porno.


¿Saben ustedes jóvenes de hoy, millenials – me revienta que les digan así- lo que tenía que suceder cuando yo tenía 16-18 años para poder ver una película porno?.


En primer lugar, que alguien la tuviera atesorada debajo del colchón de su cama. Antes las películas porno venían en formato de película de 8 mm.


Justo por venir en ese formato, se necesitaba de un proyector que la pudiera reproducir, de ahí que el segundo requisito para ver una película porno, era que alguien tuviera un proyector, que no necesariamente era la misma persona en posesión de la película.


Lo tercero que tenía que suceder es que hubiera una casa sola; es decir, que los papás de un amigo estuvieran de viaje y que éste accediera a que en su casa se juntaran sus amigos a ver la película.


Y lo cuarto que tenía que suceder –tal vez lo más importante- es que te invitaran a verla. Si te invitaban, significaba que pertenecías al círculo selecto y privilegiado de amistades que sabrían llevarse a la tumba el secreto de haber compartido una experiencia indebida pero lujuriosamente única.


1) Película; 2) Proyector; 3) Casa sola; 4) Invitación; eran factores que debían conjugarse en perfecta armonía para que en mis años de juventud un grupo chamacos permitiéramos que el libido llegara a niveles de Hell Boy… fallaba uno de los cuatro y bye bye experiencia religiosa.


¿Qué se necesita ahora para que un adolescente –hombre o mujer para ser incluyentes- pueda ver una película porno?… Pues lo único que se necesita es existir, haber nacido, porque aunque mis hijos juren y perjuren que no ven porno, no les creo… basta verlos entrar al baño con el celular en la mano, tardarse horas y salir riéndose solos con los ojos en blanco, sudando como si hubieran corrido un maratón, de ida y vuelta.


Y de la calidad de las películas y sus protagonistas mejor ni hablar, no hay comparación alguna. En mis épocas las protagonistas eran puras gordas atrevidas que sin señales de pudor exhibían al lente sus carnes flácidas y celulosas.


Ahora, son unas bellezas salidas de un gimnasio, con 8 por ciento de grasa en su cuerpo y una definición muscular que ya quisiéramos ver en casa. Diría un amigo: “por una de ellas hasta me pongo a trabajar”.


Ahora, a distancia de un “click” se puede encontrar todo un variado menú de películas porno que satisface al más exigente de los paladares. En mi época, tenían que conjugarse los 4 factores y te conformabas con las gordas que osaban exhibirse, porque simple y sencillamente no había más.


Hoy ser joven -y ruco- es vivir en el mundo de todas las posibilidades donde la única limitante es la imaginación, los complejos o la falta de pareja.


Porque así como ver porno es una posibilidad de todos los días, también lo es el acceder a toda la información que Google te pueda ofrecer, a menos que ahora tengas un teléfono Huawei.


Ojalá todos pudiéramos comprender que con todas las posibilidades que hoy en día nos ofrece la tecnología, vivimos en una época donde ser un fracasado es opcional.

¡Comparte en redes sociales!